El arte del masaje

Lo cierto es que un masaje puede hacerlo casi cualquier persona a la que no le desagrade tocar a otros.

Pero desarrollar el arte del masaje requiere experiencia, dedicación, estudios, amor, responsabilidad, fortaleza, convicción, creatividad, libertad y aceptación.

Si bien es cierto que hay personas que desarrollan o nacen con ciertas habilidades mejor que otras, la realidad es que con dedicación, amor por lo que se hace, convicción de lograr el objetivo y aceptación cuando no se logra, es decir, “darse cuenta” de que se ha dado todo lo que está a disposición y que ya toca ceder a otros la posibilidad de ayudar, de sanar.

Realizar la misma actividad innumerables veces captando las sutiles diferencias, profundizando en el conocimiento de lo que se está desarrollando solamente se puede obtener mediante la experiencia.

Estudiando la estructura, conociendo las herramientas y materiales, comunicándose con otros colegas del mismo ramo y también con los que reciben el objeto de arte.

En el momento en que todo se combina, se obtiene una libertad tal que casi sin pensar y a través del desarrollo de la creatividad y la intuición, la actividad se vuelve arte.

Por supuesto el desarrollo del arte del masaje no se escapa a esto. La diferencia con otras artes tal vez viene de la mano de que para desarrollarlo “se utilizan” personas. Cada cuerpo que llega buscando ayuda es un experimento, una posibilidad de aprendizaje.

Tanto es así que, dado que existen tantas personas y que cada una es diferente a otra, la maravilla se manifiesta y es necesario apelar a lo que llamamos intuición que, para mi, no es más que un cúmulo de experiencias y “recetas” que en un momento dado comienzan a fluir fuera del pensamiento o de la racionalidad, en un camino paralelo y casi independiente.

Cada cuerpo dice algo diferente, tiene una tensión aquí, un bloqueo allí y el hecho de poder vincular un extremo al otro del cuerpo sumando además que se tienen en cuenta los problemas o mochilas emocionales, da un panorama único en el que hay que ahondar para obtener un resultado cuando menos satisfactorio y muchas veces casi mágico.

Y que al final de una o varias sesiones la persona, que confía en el terapeuta su problema, pueda encontrar en la propia consulta o en la de otra especialidad su “sanación”.

Para esto hay que tener muy claros los límites, hasta donde se puede llegar y cuando es el momento de dejar ir.

No puedo más que agradecer a todas y cada una de las personas que han pasado por mis manos porque gracias a ellos mis habilidades han mejorado hasta
puntos en los que ni yo puedo controlar o descifrar.

Realmente es una fórmula que va mas allá de algo que se pueda estructurar o enseñar.

Se puede, si, enseñar un camino, pero la sensación final es única e intransferible.

Es por eso que existen tantos terapeutas, terapias y fórmulas. Cada una puede resolver hasta cierto punto alguna parte del increíble y complejo sistema humano.

Soy muy feliz de poder pertenecer a esta área de “sanadores” de la humanidad.

GRACIAS.

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